Reckless Freedom 2
Me llevé las manos a la boca y abrí los ojos
como platos. No me creía lo que acababa de hacer. Estaba muerta. Lo
dije, no duraría aquí ni 5 minutos. Me levanté y pretendía marcharme de
allí.
—No me hagas daño por favor... —dije hiperventilando y aterrorizada.
Sus amigos me cogieron.
—¡LE HA PEGADO! —se arrodilló un chaval arrastrando las manos en su cara.
—Eres más dramático que el fantasma de la opera, Kian.
Mierda, ya no había manera de escapar de mi muerte.
La cara del chico, ahora con la marca roja de mi mano, se cubrió por una media sonrisa maligna.
Se acercó a mi a paso ligero.
—Así
que... —me agarró la barbilla—¿acabas de rechazar un beso de Sam
Pottorf y le has pegado? Eso no esta nada bien, señorita....
—H-hale... —dije tartamudeando y apunto de darme un ataque al corazón.
—Bien señorita Hale, ese acto de valentía merece su castigo, ¿no crees?
Me cogió como un saco de patatas y empezó a caminar hacia el exterior.
—¡Lo siento mucho, por favor no me hagas daño! —dije mientras las lágrimas caían sobre mi rostro.
—Cállate, enana.
Entonces
se paró, agarrándome de la cintura e impulsandome en el aire
aterrizando en agua. Pero no cualquier agua, si no que caí en la piscina
putrefacta, sucia y repugnante de esta mierda de instituto, mas bien,
cárcel. Cuando dejé mi cabeza en el exterior miré a mi lado y había una
cucaracha muerta más dios sabe que qué.
Empecé a gritar.
—¡Sácame se aquí por favor! —grité sollozando.
El
se empezó a reir como un loco. A lo lejos veía como todo el instituto
se unía para ver mi humillante espectáculo. Entoces tuve que nadar entre
bichos y cosas raras para salir de esa maldita piscina, llorando y
haciendo el ridículo.
Cuando porfín salí comencé a correr sin mirar a
nadie, pero escuchando las burlas de los demás. En cuanto entré en el
edificio me fui a buscar ropa, gel y champú y me fui a duchar. Todos los
bichos y musgo acabaron en el desagüe. Y me alegré. Cuando acabé fui a
mi "cuarto" y ahí estaba Maya, sentada en su cama. Cuando me vió llegar
se levantó y me abrazó.
—Tranquila, no te volverá a pasar esto, yo estoy aquí para ayudarte —dijo intentando consolarme.
—Muchas gracias... —dije con lágrimas en los ojos.
Cuando
ella se acostó, cogí mi cuaderno, miré la foto que tenía con Luke y
empecé a llorar. Lo quería muchísimo, y la puta de mi madre me había
arrebatado lo único que amaba, a parte de mi padre, en esta vida. Estoy
aquí metida, y por su toda culpa.
Guardé mi cuaderno y decidí dormir.
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—Skylar, despierta. —sentí la dulce voz de Maya.
—¿Qué hora es? —pregunté.
—Las 6 de la mañana, las clases empiezan a las 7.
—Gracias, por despertarme. —Dije secamente.
—De nada, he ido a la cafetería y te he traído un café y un pastel.
—Muchas gracias Maya, no hacia falta.
—Que no es nada mujer.
Después de todo, puede que si hiciera una amiga en aquel horrible sitio.
Me
tomé el desayuno, apenas comí nada. Me vestí y me fui al baño. Allí me
peiné y cogí mi rimel cual estuve a punto de echarme pero... Una
horrible imagen de mi madre se incrustó en aquel cosmético. Con toda la
rabia, grité ahogada y lo tiré contra el espejo.
Cuando estaba a
punto de salir, una chica rubia con cara de psicópata me agarró por el
cuello de la camisa y me llevó afuera en un abrir y cerrar de ojos.
—¿Eres la nueva, verdad? —me apretó contra la pared.
—S...si. —dije asustada.
¿Qué diablos pasaba ahora? Mierda.
—Mira zorra de mierda, me parece que para ser nueva no deberías empezar haciendo las cosas mal... —Sonrió.
—¿Qué he heho mal ahora? —dije horrorizada.
—¡¿Qué has hecho mal?! —me golpeó contra la pared.
Seguidamente, grité.
A causa de los gritos, se empezó a acercar gente diciendo “uuuhhh ¡pelea, pelea!” ¿Están locos? ¡Quítadmela de encima!
—¡Intentar besar a MI novio, eso has hecho! —dijo pegándome un puñetazo en la mejilla.
Me quedé paralizada, no sabía que hacer. Solo gritaba asustada.
—¡Yo no fui! —grité.
—¡Cállate perra! —me pegó una patada en la barriga y me caí al suelo dolorida.—¡Puta!
Cuando estaba en el suelo, me volvió a pegar otra patada, esta vez en la espalda.
Y
ahí estaba yo, en suelo de un reformatorio donde no debería estar,
llorando de dolor por un niño subnormal y prepotente y a la vez por
culpa de una yonki de mierda sin escrúpulos.
Cuando me iba a dar una patada en la cara, alguien gritó:
—¡Acacia, para!
—Sam, ¡¿que coño estas diciendo?! —gritó histérica.
—¡Fui yo el que intentó besarla, no ella a mi!
La supuesta Acacia se puso de los nervios, a golpear cosas y a gritar.
El chico, Sam, se arrodilló frente a mí.
—Dios mío, lo siento... —dijo.
—Voy a llamar a algún profesor... —dijo su amigo.
Entonces empecé a ver todo un poco borroso hasta que me quedé inconsciente.
To be continued...
Os odio por no continuar la historia. :'(
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