Qué descanse en paz. Ya hacía 3 meses desde que papá murió. La lucha contra el cáncer jamás había sido tan dura. Aquella perdida jodió a bastantes personas perjudicando su bien.
—Mamá, deja eso. —Le arrebaté la pipa.
—Cállate, estúpida...
Mi madre, por la horrible perdida de mi padre, había comenzado a consumir drogas. Primero fue un cigarrillo, y luego comenzó siendo kilos y kilos de cocaína que se traía a casa que quién sabe dios donde la sacaba. Su nariz ya estaba desgastada, no le quedaban apenas dientes y sus manos estaban tan envejecidas como la de una señora de 55 años. Ya no se peinaba. Dejó de maquillarse y aún le quedaban restos de eyeliner desde la última vez que lo hizo.
—Mamá, deja de fumar en casa, me ensucias todo con tus estupidas porquerias...
—Uy, lo siento señorita tiquismiquis.
Jamás se llegó tan lejos como para hacer daño físico a alguien que no fuera ella misma, hasta aquella noche... Luke, mi hermano mayor de 24 años, comenzó una grave discusión con mi madre sobre su adicción aquella oscura noche tormentosa.
—¡¿Y qué más da lo que yo haga?! —gritó ella alzando la mano.
—¡JODER! ¡Te estás jodiendo a ti misma, mamá! —golpeó la mesa.
—No, no, no sabes lo bien que sienta esto... —sonrió.—¡Jamás estuve mejor!
—¿Cómo dices? ¡Mirate! —cogió su mano.—Hace tres putos meses, que lucías bien y ahora eres una yonki de mierda.
—¿Cómo dices?
—¡Esto nos duele, joder!
—¡Yo haré lo que me de la gana!
—Se acabó, voy a quitarte toda esta mierda y la quemaré.
Luke comenzó a recoger todas las pastillas, cigarrillos y bolsitas de plastico de la mesa y las metió todas en una bolsa.
—¿A dónde coño crees que vas
con mis cosas puto niño?
Mamá, incosciente de sus actos cambió su mirada totalmente y aquellas enormes pupilas dilatadas se hicieron más grandes. Cogió el palo de hierro que servía para remover la leña y le dio fuertemente en la cabeza una y otra vez hasta que sangrara.
—¡¡¡MAMÁ!!! —grité ahogada.
Salí corriendo hacía aquel ambiente en el que no quise entrometerme y del que me arrepentía totalmente de no haberlo hecho.
—¡¡LUKE!! —agarré a mi hermano que estaba allí incosciente en el suelo y temblorosamente llamé a la ambulancia.—¿¡QUÉ HAS HECHO?!
—¡Intentó tomar mis cosas! —dijo mientras tomaba 3 pastillas a la vez.
—¡Estás loca, muy loca! —dije lagrimosa al ver a mi hermano quién el pulso no notaba.—No puede ser... ¡SE LO DIRÉ A LA POLICÍA!
—¿Que sí? ¿A quién van a creer? —rió exageradamente mientras encendía un porro.—Te vas a ir a la mierda.
En menos de 10 minutos la ambulancia ya estaba aquí, y los vecinos salían de sus casas para ver que pasaba. Mientras se llevaban el cuerpo sin vida de mi hermano, yo me tapaba la boca llorando mientras esperaba a la policía que no tardaron en llegar. Cuando bajaron del coche, mi madre fue hacia ellos y se tumbó en su torso mientras gritaba.
—¡Oh, agentes! —sollozaba.—¡Ha sido horrible!
—Cálmese, ¿qué ocurre?
—¡Mi hija, está psicopática! —lloraba.—¡Ha matado a mi hijo mayor y pretendía echarme las culpas a mí, su madre!
—¿Es eso cierto?
—¡NO! —grité.—¡Se lo está inventando!
—Miren sus manos ensangrentadas, es una asesina.
El policía se dirigió hacía a mi y bruscamente cogió mis manos cuales estaban llenas de sangre, incluida mi camisa. Dirigió una mirada de respeto y me revolvió.
—Tiene derecho a permanecer en silencio.
—¿Qué demonios? —me asusté.—¡Yo no hice nada!
El policía, mandandome a callar me metió en el coche de policía. Podía observar la satisfacción de mi diabolica madre. Pero no me dejaría vencer, el juicio estaba por comenzar. O eso creía, habían manipulado todo para que esa yonki de mierda fuera la victima, y yo la asesina. Me condenaron de tiempo no definido en el centro de menores, uno de los reformatorios con los adolescentes más peligrosos del pais.
Y aquí estoy, entrando en esta cárcel por la que a partir de ahora será mi casa.
—Entra. —Dijo un guardia seriamente.
—¿No hay uniforme? —pregunté.
—Ingenua...
Pulsando un botón, se abrieron las puertas de lo que eran enormes murallas de acero dando lugar a una enorme sala llena de habitaciones muy cerradas. Yo caminaba observando aterrorizada que bestias se escondían tras esos muros. Llegamos al final del pasillo y abrieron la puerta de acero dando lugar a unas rejas, las abrió y me dejó pasar. En la celda, había una chica rubia, piel blanca como la nieve y la nariz achatada. No dije nada y me senté en la cama de abajo.
—Quién coño eres. —Rompió el hielo.
—S-Skylar... —tartamudée asustada.
—¿Skylar? Qué bonito. —Clavó un palillo de madera en la mesa.
—Por favor, no me hagas daño. —Solté.
La chica me miró fijamente y rompió en un gran estallido de carcajadas.
—No voy a hacerte daño.
—¿Ah, no? —suspiré.
—No. —Rió.
—Soy Maya.
—H-hola... ¿por qué estás aquí?
—En disneylandia, tiré a Blancanieves de su balcón. Llevo aquí 2 años. ¿Y tú qué? —Sonrió.
—Me acusaron de algo que no hice... —tragué saliva.
—Anda ya.
—De verdad... —Aguanté el llanto al recordar aquellas imágenes.
En un momento dado, abrieron las puertas.
—Es hora de comer, venga. —Dijo el guardia.
—Bueno, ya me contarás. —Sonrió Maya mientras se levantaba.
Mientras iban por aquel pasillo, yo me quedaba atrás observando a todas las clases de personas que salían de las habitaciones. También había chicos. Era un reformatorio mixto... Llegamos a un gran comedor donde todo eran mesas de acero y gris. Yo me limitaba a ir sola por mi camino y me senté en el primer sitio que vi.
—Tú, enana, quita de ahí. —Me miró con mala cara una morena con tatuajes.
Sin decir nada, con los ojos bien abiertos y muy asustada me fui a otra mesa como si fuera un pingüino congelado. Irónico.
—Skylar, ¡ven aquí! —sonrió Maya.
Me giré y al lado mía estaba una chica enorme de color mirandome fijamente. Creo que ella no era amante de los gatos como yo.
—Que miras, bichejo. —Se le salieron los ojos de las orbitas.
—Ihhhhh... —murmuré mientras me movía de sitio hasta donde Maya.
—Tía, ¿qué ocurre? —Rió.—Pareces un chiuaua.
Entonces tres chicas más se sentaron en la misma mesa. Una era asiática, otra tenía una pinta un tanto africana y la otra se veía que eran americanas.
—Skylar, ellas son Zou Meng, Aliyah y Zoey. —Me las presentó Maya.
—Encantada... —dije sin levantar la cbeza.
—¿Es nueva? —preguntó Zoey.
—Sí...
Desconecté del mundo, ¿dónde estoy? No voy a durar ni 5 minutos. Hasta el polvo de la mesa tiene más malas pulgas que yo.
—¡Abran paso, zorras! —gritó un chaval.
De repente, un grupo de chicos entraban por la puerta como si el mundo fuera de ellos. Como si fueran a comerse cualquier cosa, con perdón para los de la mente sucia. Eran creidos, eran...
—¡SAAAAAAAM! —gritó una.
—¿Quién tiene mi sandwich? —abrió los brazos en el aire.—¿Quién lo tiene?
De repente todas alcanzaron su mirada a aquel duende extraño que entraba por la puerta. Me quedé observandolo cuando de repente me miró y se le borró la sonrisa por un momento.
Mandó todos a callar con un movimiento de manos y se dirigió a mi mesa.
—Hola. —Se subió a mi mesa sonriendo mientras mordía su lengua.
Rapidamente giré mi cara.
—¿Quién eres? —me cogió de la barbilla y me giró.
Mantuve el silencio y volví a girar la cara.
—¡Se está resistiendo ante tus encantos, tío! —gritó uno.
Entonces, todos empezaron a comentar “¡qué la bese!”. El chico con cara de pasarse de listo puso morritos.
—Habrá que despertar a la bella durmiente.
Lentamente se fue acercando a mí. ¿Qué debía hacer ante aquella situación?
—¡TÍO!
Pues le pegué una bofetada.
To be continue...
CONTINUAR, PORFAVOR*-*
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